lunes, 2 de diciembre de 2013

Canciones que queman. Volumen VI




Muchas veces mataría por no sentir tanto... pero al final,lo mejor de vida se debe a mi intensidad. Me habré equivocado tantas veces como inviernos llevo a la espalda pero ninguno me ha hecho desear dejar de probar. Inocente o no, valiente o no... pero yo hasta mis ultimas consecuencias.
Latido jondo y hambre de esa sed que me hace quemar la vida.



Si ves que lloro, tírame una trenza, 
no seas pelleja y despeja el torreón, mira a ver, 
que ataos con un cordel te ofrezco mis respetos, 
ni te la meto ni te pongo un cascabel, 
que el llorar es por tus ojos, no es por cojones, 
que si me miras van cantando camarones 
por seguirillas, latiendo bajo, 
como el badajo que hay en nuestros corazones, 
que no palpita, que pega voces, 
que está hasta el coño de mentiras y de roces, 
no quiera el otoño que se pare por mí. 
Si ves que pego coces en la cuadra 
abre la puesta y despierta, que no voy a meter 
mi vida en tu sostén, ni la tuya en un marco, 
demasiado charco pa este barco de papel, 
de besar...beso a la luna, pa hacerte un feo, 
me da un deseo y pido el mango de una escoba, 
de lomo bravo, de pelos tiesos, 
para montarla o pa mover la sopa boba 
que he comerme solo y compuesto, 
y lo que sobre...a los geranios de tus tiestos, 
no quiera el otoño marchitarlos por mí. 
Que la madrugada sólo se dedique a pudrir tendederos, 
que la hagan morir resaca y luceros, 
por sus tuberías corren poesías de lo que más quiero 
y lo quiero perder...no quiero querer. 
Latido jondo es lo que quiere tener 
mi cama que no tiene sueño, 
un ruido sordo, potro de rabia y miel 
de la piel hacia dentro, 
latido jondo, más hondo que un mar de hiel 
amargo del fondo hasta el techo, 
ratas a bordo y tira millas 
que en la orilla nadie nos puede ver. 
Si oyes que llueve ruina en la despensa 
dale a las ubres, las manos nunca piensan ni ven, 
que ya no hay más que ver, ni luz, ni dios que baje, 
ni más brebaje pa abrevar que el de tu sed, 
de beber...bebo por gula, no por sediento, 
me importa poco si fue uno o fueron cientos 
los paladares que echas de menos, 
que pa mi credo solo quiero un mandamiento, 
y es que mis labios secos de invierno 
sigan lamiendo las hojitas de un cuaderno, 
no quiera el otoño deshojarlo por mí. 
Que la madrugada sólo se dedique a pudrid tendederos 
si quiere perder, si quiere querer, 
Latido jondo 
es lo que quiero tener.


Latido Jondo. Marea.

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